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Estambul

Turquía es uno de esos países al que le teníamos muchísimas ganas, Estambul fue nuestro primer destino, pero en esta semana también visitamos la Cappadocia, de la que ya os contaré cositas en un post a parte. De momento, empezamos con Estambul. Aterrizamos en el aeropuerto de Ataturk, el mayor en importancia de la ciudad y situado a unos 40-50 minutos del centro. Nuestro hotel, Ipekyolu, muy cerca de la Mezquita Azul y de Santa Sofía, nos ofrecía la posibilidad de trasladarnos en una furgoneta hasta la puerta y creemos que fue la mejor opción, dado que es un precio cerrado. Los taxis (taksis en turco) pueden costarte, al cambio, mínimo 20€, que no está mal, pero si pilláis atasco, que es lo más común, el precio sube, y aunque en el taxímetro marque un precio, al final de la carrera te dirán siempre que es más, por las tasas del aeropuerto o vaya usted a saber por qué, porque pocos hablan inglés y a ver quién discute con ellos en turco. Por otro lado, coger un taxi en Estambul es toda una aventura, hubo un día que entramos en uno, nos sentamos detrás, vamos a abrocharnos el cinturón de seguridad y el taxista nos suelta que qué hacemos, que no es obligatorio y que no pasa nada... ¿HOLA? Si viéseis cómo conducen os abrocharíais 3 cinturones, os agarraríais al pasamanos con los dientes y al asiento de delante y a la puerta con las manos.

La paciencia no es la mejor de las virtudes de los conductores turcos, por lo que no os recomendamos alquilar coche para conducir por el centro, nosotros sólo cogimos coche en la Cappadocia, y aunque está mucho menos poblada y el tráfico es muchísimo menor, también tuvimos experiencias curiosas que ya os contaremos en el próximo post, pero ya os decimos que utilizan el claxon como método fundamental de comunicación entre conductores y su significado viene a ser: ¡o te apartas o te aparto!

Toma de contacto con la ciudad

El primer día llegamos ya de noche, así que salimos a caminar para reconocer un poco el terreno y se nos fue de las manos, pateamos bastante y nos sorprendió muchísimo el ambiente nocturno y el horario de cierre de las tiendas, volvíamos al hotel a las 2 de la madrugada y todavía había sitios abiertos a pesar de que era lunes y no había tantísima gente por la calle.

La ciudad de noche esconde rincones súper acogedores, callecitas con lámparas de colores y pequeñas terrazas que invitan a quedarse, vendedores callejeros de todo tipo de productos, desde dulces típicos hasta mejillones frescos que aderezan con limón exprimido, y acercándose al Cuerno de Oro, comienza a oler a pescado asado y a leña, y se empieza a adivinar sobre el Puente de Gálata la muchedumbre de pescadores lanzando sus cañas de día y de noche al famoso estuario que conecta con el Bósforo.

Antes incluso de cruzar el puente, se atisba al otro lado, todavía en el continente europeo, la Torre de Gálata, iluminada llamativamente con tonos naranjas y violetas, dirección que hemos de tomar para llegar a la famosa Avenida de la Independencia (Istiklal Caddesi) y posteriormente a la plaza Taksim.

Santa Sofía, Bazares, Mezquita de Suleiman y Üsküdar

El segundo día fue el más intenso, creo que caminamos unos 27km según el gps del teléfono. No solo visitamos varios de los puntos más importantes del lado europeo, sino que también cruzamos a Üsküdar, en el lado asiático. Dejamos para otro día la visita a la Mezquita Azul (Sultan Ahmet Camii).

Sultan Ahmet y Santa Sofía (Hagia Sophia) se encuentran una frente a la otra y nuestra intención era visitarlas en la misma mañana, sin embargo, la mezquita no se puede visitar en las horas dedicadas a la oración y llegamos justo al cierre, teníamos que esperar hora y media para poder entrar, así que nos la saltamos por ahora.

Santa Sofía fue la catedral más grande del mundo durante casi 1000 años. Fue convertida en mezquita tras la conquista del Imperio Otomano y actualmente se puede visitar como museo.

Entre sus curiosidades, se cuenta que de una de sus columnas transpiraba el sudor de San Gregorio Taumaturgo. Para controlar el desgaste provocado por la llegada de peregrinos, ésta se revistió de cobre, donde con ingenio, los fieles consiguieron abrirse paso mediante un agujero a través del que poder tocar la columna milagrosa. De ahí la leyenda que asegura que da suerte a quien introduce el dedo y logra realizar un giro de 360º.

Como os contaba, encontramos la Mezquita Azul cerrada, pero ya volveremos. Nuestro próximo destino, los bazares. Desde la plaza de Sultanahmet caminamos por la calle Divan Yolu Caddesi, siguiendo las vías del tranvía hacia la parte alta (hacia abajo llegaríamos a Eminönü), en cierto punto Divan Yolu se convierte en Yeniçeriler Caddesi, abriéndose a una pequeña plaza con terrazas y una parada de tranvía, aquí, si miramos hacia la derecha, encontraremos la entrada al Gran Bazar.

El Gran Bazar es un mercado donde sobre todo podéis encontrar lámparas, objetos de decoración, alfombras y antigüedades, y donde podéis sentaros a tomar un té en cualquiera de los cafés que alberga mientras observáis a camareros con bandejas llenas de vasos repartiendo infusiones a todos los comerciantes. El té se toma a todas horas y en todos lados.

Se cuenta que bajo una de las columnas que sustentan el techo abovedado del Gran Bazar, se enterró el hacha que utilizó Noé para dar forma a la madera con la que construyese el Arca. Otra cosa no, pero historia y curiosidades en Turquía, hay para dar y tomar.

Salimos del Bazar en dirección a la Mezquita de Suleiman (Süleymaniye Camii). Y bien, puede que el Gran Bazar os haya sabido a poco, quizás hoy en día sea más un lugar turístico que otra cosa, pero descubriréis callejeando que el auténtico corazón de Estambul late al aire libre, en la calle, bajo los toldos, entre el bullicio, entre el nervioso y decidido caminar de los turcos, entre las llamadas de atención y las voces insistentes de los comerciantes buscando clientes, entre el olor a carne de Kebab (que nada tiene que ver con la que comemos aquí) y el humo y el aroma de las especias para cocinar de los puestos callejeros. Perdeos sin miedo alrededor de la Mezquita y del Gran Bazar.

La Mezquita de Suleiman es la más grande de Estambul y nada más llegar sorprende por las vistas que ofrece. Estructuralmente, acompañan al edificio principal distintos complejos dedicados a necesidades religiosas y culturales. Desde lejos, la apariencia es como de montaña, con distintos edificios en formación ascendente y los cuatro minaretes afilados apuntando a las nubes. En su interior, llama la atención el círculo central formado por las tenues lámparas que cuelgan desde la cúpula.

En este punto, os recordamos que algunas de las fotos que hacemos en nuestros viajes, están a la venta en nuestra TIENDA ONLINE. ¡Seguimos!

Una vez visto el Gran Bazar, el Bazar de las Especias viene a ser bastante similar, aunque claro, uno no se puede ir de Estambul sin verlo, aún así, sigo diciendo que lo más auténtico está en sus calles. Así que os pongo un par de fotos del último bazar y nos vamos a cruzar el Bósforo de camino a Asia.

Además de en los mercados callejeros, en Üsküdar se respira el auténtico espíritu estambuliota. Para llegar al lado asiático es necesario coger un barco. Éstos parten desde Eminönü, el barrio más cercano al Cuerno de Oro, siguiendo el margen del estuario y dejando atrás el Puente de Gálata, llegaremos al puerto desde donde partiremos.

Una vez que lleguéis a la otra orilla os encontraréis en el continente asiático, pues bien, caminad hacia la derecha siguiendo la ribera del Bósforo hasta llegar a una zona con sombrillas, bajad, sentaos al lado del fuego y disfrutad de las vistas tomando un Salep. El Salep es una bebida caliente con un sabor entre las natillas y el arroz con leche, espeso y de textura suave, espolvoreado con canela. Desde que lo probamos, se convirtió en nuestra bebida turca favorita. Es muy difícil encontrarlo fuera de Turquía y al parecer, originalmente es bastante caro, lo que te sirven ahora es un preparado en polvo mezclado con agua o leche, y aún así, está buenísimo. Sabed que la forma correcta de tomarlo es bebiendo el líquido a través de la capa de canela, sin mezclarlo, y finalmente, comerse la fina lámina de canela superficial.

Las vistas desde Üsküdar incluyen la Torre de la Doncella (Kiz Kulesi), cuya leyenda cuenta que la profecía de un oráculo sobre la muerte de la hija de un emperador en su 18 cumpleaños, hizo que éste la aislara en una torre construída lejos de tierra para protegerla, pero el día en que cumplió los 18 años, el emperador, para celebrar que había sobrevivido, le regaló una cesta de frutas silvestres, dentro se ocultaba una serpiente, que le mordió, acabando así con su vida y haciendo que se cumpliera la profecía.

Mezquita Azul y Torre de Gálata

Por fin llegamos a la Mezquita Azul, era la única de las mezquitas importantes que nos faltaba por ver y... Bueno, tuvimos un poco de mala suerte porque todo el interior estaba siendo restaurado, así que nuestro paso por Sultanahmet fue bastante fugaz.

Una pena, aunque tenemos claro que vamos a volver, hemos vuelto enamorados de Estambul, de Cappadocia y de Turquía en general, así que seguro que en la próxima ocasión podemos disfrutar más de su arquitectura.

De lo que sí disfrutamos, y mucho, fue de sus calles, de su gente y de las imágenes que nos encontrábamos a cada paso, siempre sorprendentes, siempre interesantes, coloridas y vibrantes.

Nos acercamos al final de nuestros días en Estambul y teníamos ganas de contemplar un buen atardecer y creo que el que vimos desde la Torre de Gálata cuenta como uno de los mejores de nuestra vida. Tras hacer aproximadamente una hora de cola y subir en un ascensor hasta unos 63 metros de altura, las vistas de la ciudad y del Cuerno de Oro son inmejorables. La torre, originalmente construída de madera, data de 1348, y se cuenta que desde su cúspide, Hezârfen Ahmed Çelebi consiguió volar con alas artificiales hasta las colinas de Üsküdar en 1630. Tan solo 3 años más tarde, su hermano Lagari Hasan realizaría el primer vuelo utilizando un cohete cargado de pólvora. 

Y ahora, fotos:

Si no he dicho suficientes veces que las calles de Estambul no dejan de sorprender, lo repito una vez más, no vayáis siempre por las calles principales, dejaos llevar sin miedo, atajad por callejuelas y descubriréis el auténtico sabor de la ciudad. Bajando desde la Torre de Gálata, nos metimos por unos callejones y encontramos esta pequeña lonja de pescado prácticamente bajo el Puente de Gálata, un poco escondida. No es el típico mercado que aparezca en las guías de viaje, pero para nosotros se convirtió en uno de los sitios más vivos y más genuinos que encontramos.

No cabe duda de que la antigua capital turca es una explosión de olores, colores y sabores, de luces y sonidos y que supondrá siempre un estímulo brutal y continuo para todos nuestros sentidos.

En cuanto a la comida en Turquía, todo lo que probamos estaba buenísimo y dado que la Lira Turca tiene un valor bastante inferior al Euro, los restaurantes suelen ser muy baratos. Ya os habíamos hablado del Salep y un poco de los Kebabs, que como os decía, nada tienen que ver con los de aquí, es más bien carne de pollo o de ternera troceada, cocinada a la brasa en brochetas con cebolla, pimientos y especias. Probamos el cordero en un restaurante cerca de nuestro hotel y estaba jugosísimo. Con los desayunos de huevos a la sartén con sucuk, una especie de salchichón o salami ligéramente picante, se nos hacía la boca agua. También probamos el café turco, espeso y con una textura arenosa, pero buenísimo. En la calle probamos los dulces de los vendedores callejeros y las castañas, los dulces, un día estaban duros y otro día tiernos, será cuestión de suerte. Y otra buena opción siempre, es comer los bocadillos de pescado a la brasa en Eminönü. Cerca del mercado de pescado del que os hablábamos antes, vimos incluso durums de pescado, aunque no los probamos, nos quedó pendiente.

La comida típica turca, de la que os ampliaremos algo más en el siguiente post sobre la Cappadocia, nos encantó, pero también hay tiempo para comerse una buena hamburguesa, y aquí os tenemos que hacer una recomendación especial de otro sitio que apareció a nuestro paso callejeando, se trata del Black Angus, una hamburguesería a la que llegamos por casualidad a través de uno de los mercados callejeros. La carne era espectacular, pero eso sí, la carta estaba en turco y no estaba traducida ni al inglés, así que pedimos un poco al azar. Acertamos, pero creo que aunque hubiéramos pedido cualquier otra cosa, habríamos acertado también.

Hay tantas y tantas cosas que hacer en Estambul que es imposible verlo todo en pocos días. Pero aún nos queda tiempo para, adivinad... Exacto, un BONUS TRACK!!

BONUS TRACK

Nuestro Bonus Track de hoy es para el último lugar que visitamos y que es sin duda un sitio perfecto para despedirse de la ciudad, se trata del Café Pierre Loti. El café se encuentra situado en lo alto de una colina en cuya ladera hay un cementerio. Para llegar al café hay dos opciones, podéis subir a pie atravesando el cementerio por un camino o en el funicular. Si cogéis el funicular, sabed que las máquinas expendedoras de tickets no devuelven cambio, ¡ojo!

Ambos, camino y funicular, parten desde el mismo sitio, tras la mezquita Eyüp Sultan Camii. Es mejor que cojáis un taxi directo hasta allí, porque está lejos del centro.

Como nota final, un par de cosas más que os llamarán la atención:

  1. La ciudad es enorme y llena de contrastes, es muy moderna por un lado, con edificios altos de oficinas totalmente iluminados y por otro, calles estrechas y bulliciosas de edificios bajos, antiguos y repartidores empujando carros en medio del tráfico.
  2. Estambul está lleno de gatos y perros callejeros, pero gorditos y bien cuidados, es normal ver a la gente echándoles de comer o casetas en los parques.
  3. Las clínicas de regeneración capilar ofrecen precios tan baratos, que no os cruzaréis ni con uno, ni con dos, ni con tres personas recién implantadas, es increíblemente común ver a gente con la cabeza marcada por los injertos, y así de primeras, sorprende y no deja de ser curioso. Y si es tu caso y viajas para solucionar un problema de alopecia, estamos seguros de que no te resultará difícil encontrar a unos cuantos españoles que te cuenten su experiencia.

¡Hasta la próxima! ¡Nos vemos en la Cappadocia!

2 respuestas a “Estambul14 min read

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