Ruta por asturias11 min read

Publicado el
Covadonga

Ruta por Asturias

Nuestra ruta por Asturias comienza un poco más al oeste, en Galicia, más concretamente en Ribadeo, Lugo, desde donde partiremos para disfrutar sobre todo de la impresionante naturaleza del norte de España, pero también de monumentos y ciudades emblemáticas como Oviedo y pueblos tan recónditos como Bulnes, para acabar en una de las playas más representativa de la Costa Quebrada cántabra, la Playa de Arnía.

Ruta desde Galicia a Cantabria por Asturias.

Primer día: Ribadeo

Algunos ya sabréis que nos hemos venido a vivir a Tenerife, así que, dado que ésta iba a ser nuestra última ruta por la península (de momento), queríamos aprovecharla al máximo. Sólo teníamos cuatro días, por lo que nos planificamos una ruta en la que, cada día, a medio día, llegábamos a un nuevo destino, realizábamos las visitas o rutas imprescindibles entre esa tarde y la mañana siguiente, y partíamos hacía el próximo pueblo.

Llegamos a Ribadeo desde Madrid, con parada a comer en A Taberna de Montse, ya en Lugo (comimos como DIOS, el flan de turrón casero que hacen allí sabe a gloria bendita) y teníamos claro que queríamos ver la famosísima Playa de las Catedrales, pero debíamos de estar atentos a las mareas. En el recibidor del hostal donde nos alojamos tenían toda la información actualizada al día con las horas en las que poder pisar la arena sin riesgo de mojarse los pies.

Cuando sube la marea en Las Catedrales
Cuando sube la marea en Las Catedrales

Ya véis que es importante estar atentos a estas cosas...

La mejor hora en ese momento era a la mañana siguiente, así que, nos fuimos a reconocer el terreno y llegamos a un pequeño islote gobernado por un faro y salpicado de flores, a unos 10 minutos del centro de Ribadeo, la Isla Pancha, un lugar ideal para los amantes de la fotografía.

Isla Pancha
Isla Pancha, Ribadeo

Playa de las Catedrales

La Playa de las Catedrales, enclavada en pleno mar Cantábrico, sorprende a los visitantes por las singulares formaciones rocosas que la definen: arcos, columnas y grutas sobre una extensa llanura de arena fina constantemente batida por las sucesivas mareas. Sin duda, una de las playas más bonitas de España y una de las más visitadas, tanto es así, que en los últimos años se ha limitado el acceso, siendo necesaria la reserva previa en los meses de más afluencia, entre el 1 de julio y el 30 de septiembre. Podéis hacerlo en la web de la Xunta.

Mención a parte merece el paisaje interior y las estampas que nos deja pasear por sus carreteras y caminos, esa mezcla de montes verdes habitados siempre por el omnipresente ganado bovino gallego, con intermitentes vistas al mar. Una combinación de colores y formas que dotan a Galicia de un carácter único.

Oviedo

Siguiente parada, Oviedo. Menos de 1 hora y media de camino, fue el trayecto más largo que hicimos en esta ruta y la única ciudad, a partir de aquí nos perderíamos un poco más en la montaña.

A Oviedo llegamos a la hora de comer (con hambre) y... ¡Oh, vaya! ¡Aquí se encuentra el restaurante con el premio a la mejor fabada y al mejor cachopo de 2019! Realmente no estamos en condiciones de decir si el premio es o no merecido, pero sí podemos afirmar que tanto las fabes como el cachopo aquí son brutales y los camareros te animan en todo momento a terminarte el plato con frases como: ¡Vamos campeón! ¡Yo me lo como entero! ¡Ya sólo te queda la mitad! - Basta decir que el cachopo aquí mide 20x30cm y pesa lo suyo (esa noche no dormí dando vueltas con el estómago a rebosar, y no me lo acabé). El restaurante es La Corte de Pelayo, quizás un pelín caro, eso sí, pero merece la pena.

Por su parte, la ciudad luce como lo que es, la capital del Principado, y no defrauda. Una ciudad señorial, con edificios de arquitectura contemporánea y modernista en el centro, callejuelas y plazoletas a veces escondidas que esconden un sin fin de esculturas, como las dedicadas a Woody Allen, a La Regenta, a La Lechera, al viajero, a la maternidad y hasta un monumento al culo, el Culis Monumentalibus.

Por haber, hay hasta una Mafalda sentada en un banco del parque San Francisco, parque digno de visitar para relajarse junto a sus estanques o pasear por sus senderos a la sombra de los árboles.

Una tarde es suficiente para comprender por qué Oviedo es una de las ciudades con mayor calidad de vida.

Siguiendo los pasos de sus innumerables esculturas, llegamos a la Catedral, la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador de Oviedo, ¡ahí es nada!

Catedral de Oviedo
Catedral de Oviedo

Al caer la noche, no dejéis de recorrer la calle Gascona y sus sidrerías, o sus "chigres", palabra asturiana para referirse a los establecimientos que sirven sidra. Es habitual encontrar charangas tocando en cualquiera de ellas.

Tras descansar y reponer fuerzas, por la mañana fuimos a San Miguel de Lillo y a Santa María del Naranco, dos claros ejemplos del prerrománico ovetense, para después retomar nuestra ruta, siguiente parada, Covadonga.

Covadonga

A poco más de una hora de camino llegamos a Covadonga. Nos alojamos en el Arcea Gran Hotel Pelayo, por ser el más cercano a la ruta hacia los lagos, a los que subiríamos  esa misma tarde.

La carretera para subir a Los Lagos de Covadonga es de acceso restringido, si queréis subir con vuestro propio coche tenéis que madrugar bastante, a las 8:30 de la mañana la cierran al tráfico, siendo accesible únicamente mediante transporte público (autobuses y taxis locales). Los autobuses suben cada 10-15 minutos y desde las 9 de la mañana a las 19:30. Podéis ver más información en la web guiadeasturias.com.

Tras varios kilómetros de sinuosas curvas, lo primero que veremos será el lago Enol, como un anticipo a la soberbia belleza de este singular paraje. Desde la parada de autobuses, la ruta más corta, no por ello menos recomendable, es la que realizaremos directamente para ver el lago La Ercina, quizás el más fotogénico de los dos, atravesando el Mirador del Príncipe y las Minas de Buferrera.

Fuente: lagoscovadonga.com
Fuente: lagoscovadonga.com

La ruta es bastante corta, menos de 4km, y muy sencilla, existe un itinerario, a través de la carretera local, por el que personas con movilidad reducida pueden llegar en taxi prácticamente a la orilla del lago Ercina. ¡OJO! Si no queréis llevaros un chasco, hay que estar muy pendientes de la climatología, nosotros nos encontramos el día bastante oscuro y con mucha niebla, tanta que no se veía a 2 metros, con lo cual, los lagos quedan totalmente ocultos, pero de pronto se obró el milagro y el día quedó totalmente despejado, atentos a la diferencia entre las primeras y las últimas fotos...

Fue bastante curioso, nada más llegar teníamos una buena vista de los lagos, aunque nublado, un segundo después vimos llegar la niebla como un muro espeso ocultándolo todo y pensamos: ¡Se acabó la fiesta! - Y veinte minutos más tarde, como vino, se fue, y nos dejó un día claro y limpio que de nuevo dio paso a una espesa niebla. Conclusión: no os desesperéis, si hay niebla, esperad un rato y confiad en que se despeje, todo es posible.

La ruta, siendo circular, termina en la misma parada de autobuses y de nuevo, bajamos por la misma carretera de sinuosas curvas al atardecer, el momento más apropiado para hacerle unas fotos a la Basílica de Covadonga.

Covadonga
Basílica de Covadonga

A la mañana siguiente, tan solo nos quedaba visitar el Santuario y acercarnos un poco más a la Basílica. Del Santuario, lo más llamativo es su ubicación, situado en una gruta escavada en la montaña al borde del precipicio.

Posteriormente, continuaríamos nuestra ruta hacia Sotres, un pueblecito de esos que en invierno se quedan aislados por la nieve en Los Picos de Europa, pero de paso, paramos en Cangas de Onís para ver su famoso puente romano sobre el río Sella, donde el folclore Asturiano se hace presente a través de la música de gaiteros tocando en la calle.

¡Vamos! Next Stop:

Sotres

Llegamos a Sotres con la idea de ver el Naranjo de Bulnes. Nuestra primera idea era ir directamente a Bulnes, desde donde hay un mirador, mirador que no pudimos aprovechar por culpa de las nubes, qué le vamos a hacer, ya sabéis que ir al norte es jugársela con el tiempo. Aún así, visitamos Bulnes, pueblo al que sólo se puede acceder o a pie o en funicular. El funicular asciende desde Poncebos, pueblo por cierto del que parte también la famosísima Ruta del Cares, y cuesta un ojo de la cara para quienes no vivimos en Bulnes, algo más de 22€ ida y vuelta por persona, y nos quejamos del metro. Pero la otra opción, subir caminando, son 2 horas de subida y 75 minutos de bajada, y os aseguro que las cuestas aquí son señoras cuestas, así que, una opción cómoda, que no barata, es la del funicular.

Funicular de Bulnes
Funicular de Bulnes

Bulnes

A pesar de los pesares, merece totalmente la pena subir a Bulnes. Los casi 10 minutos de ascenso por el túnel que atraviesa la montaña te teletransportan a un tiempo pasado en el que resulta casi inimaginable vivir a día de hoy. Bulnes está en medio de un valle, rodeado de montañas y prácticamente aislado de la civilización, sus casitas de piedra, puentes de madera, sus callejuelas pobladas más de gatos, perros, gallinas y vacas que de personas, hacen de este pequeño pueblo un lugar donde todavía no se ha perdido la conexión con la naturaleza, la cercanía y la sencillez de sus pocos habitantes.

Como os contábamos, no pudimos ver el Naranjo de Bulnes desde el mirador de Bulnes, así que, de vuelta al hostal (Hostal La Perdiz, recomendadísimo por la hospitalidad y simpatía de sus dueños), buscamos una ruta para la mañana siguiente desde donde poder verlo.

La ruta, partiendo de Sotres en coche, nos llevaba por un camino de montaña hasta una majada, donde aparcaríamos. Desde allí, por un senderito seguiríamos subiendo a pie, bordeando la ladera, hasta llegar a un alto desde donde las vistas ya eran muy buenas. Tardamos en llegar a este alto aproximadamente 1 hora y media a pie, la bajada fue más rápida. Basta decir que quedamos obnubilados con el imponente macizo del pico de Bulnes. ¡Impresionante! (Insertar carita con corazones en los ojos aquí).

Sin duda una auténtica pasada: aire limpio, paz, paisajes espectaculares, buena comida, naturaleza, en verano un clima que ya lo quisieran en el centro de la península... Y si eso no fueran pocas razones para visitar YA Asturias, imaginad si tenéis la suerte de encontrar una escena como la que nosotros vimos al bajar del Naranjo, no os lo cuento, os lo enseño.

Con esta imagen tan tierna de un ternero recién nacido, poniendose de pie por primera vez y buscando las ubres de su madre, llegamos al... ¡¡Bonus track!!

Bonus Track

Ya nos volvíamos para Madrid cuando, por la Autovía del Cantábrico vimos la salida a Boo de Piélagos. Yo ya había estado allí en otra ocasión, pero quería que Laura viese una de las playas más espectaculares de la Costa Quebrada, la Playa de Arnía, y sus famosos urros, formaciones rocosas que salpican de islotes la costa cántabra. Así que allí nos fuimos. El desvío es de poco más de media hora y es muy recomendable. Si además coincide con fin de semana y no tenéis el vendaval que tuvimos nosotros, tomaos unos vinitos en El Cazurro, o unas cocacolas si tenéis que conducir.

Hasta aquí nuestra ruta norteña. Probablemente los próximos posts sean sobre las Islas Canarias, así que estad atentos, porque os vamos a descubrir lugares increíbles que esconden "Las islas afortunadas".

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *